lunes, 2 de noviembre de 2009

El maestro




Era extraño: Al mismo tiempo que leía iba imaginando cada una de las escenas posteriores. El escritor le leía la mente, adivinaba cada uno de los pensamientos de su lector. Empezó presentandole a los personajes y poco a poco consiguió que el protagonista se fundiera con su cliente en un personaje ficticio, a la vez tan real como que pasaba las hojas desesperadamente intentando encontrar alguna metedura de pata del adivino. Llegó a la última página con un escalofrío entre los dedos, una mueca en la cara, y un suspiro de más. Y el pobre nunca se dió cuenta de que el escritor era el personaje ficticio, puramente un esclavo, y él mismo, su maestro.

1 comentario:

Anne De Lenclós dijo...

Primero, Me encanta la foto.
Segundo. Alguna vez me senti Summer, que a su vez se sentia Jack Kerouac, en Sputnik mi amor., no sé si eso tenga algo que ver.
Tercero. Te extraño boba.Hasta el sabado.