martes, 28 de julio de 2009
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1. Decirme que soy una de las personas más felices que el que me lo dijo conoce. Me gusta, porque tampoco es fácil serlo.
2. Que tengo mucha personalidad. Siempre he tenido miedo de no tenerla.
3. y último, que me acaban de decir: que parezco pequeñita pero soy más madura que nadie para algunas cosas
Y lo que más me gusta de todo es que vienen de gente que puedo decir que me conoce un poquito.
martes, 21 de julio de 2009
jueves, 16 de julio de 2009
viernes, 10 de julio de 2009
Portimao
Aquí estoy de nuevo después de pasar unos días por la zona del Algarve y Lisboa. Todavía recuerdo la primera vez que mis padres me llevaron a Portugal: "Para ir a Portugal me quedo en casa", y ahora cada vez que voy me sorprende.
¡Si por mi fuera me habría traído a un montón de gente abrazable de allí!
viernes, 26 de junio de 2009
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Pero Peter, aun me queda un bono, y si aún no ha caducado, te pido que vuelvas.
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martes, 23 de junio de 2009
Furia contenida
Mientras su hermana gritaba su nombre desde la otra punta de la casa, Dafne tocaba con furia rompiendo parte de las cerdas del arco hasta que explotó.
-Joder, ¡que me dejéis tocar!
Emprendió de nuevo ese concierto para violín que tanto le gustaba y siempre tocaba enfurecida. El único que necesitaba.
Al mismo tiempo que crecían los matices de la melodía, los llantos de su hermana en el piso de abajo eran más estridentes. Parecía estar alterada por la falta de afecto que le aportaba Dafne. Su madre, desesperada por el miedo de que su hija entrara en otro de esos ataques de ansiedad que le abordaban a menudo, intentaba sosegarla con palabras tranquilizadoras pero poco eficaces.
-Me tiene harta. Lleva sin hacerme caso los cuatro días…
No terminó de escuchar la frase que decía su hermana ya que estaba completamente agarrotada. Inconscientemente, agarraba el violín con fuerza. Seguían saltando cerdas y las cuerdas de metal le hacían surcos en los dedos de la mano izquierda.
-Hija, hazle un poco de caso a tu hermana.
-Que quieres, ¿que le lama el culo? Como siempre.
-¡Que te he dicho que no le digas nada!
-¿Quieres dejarlas en paz? No han madurado ni la una ni la otra. Vámonos y déjalas, que pareces tonta.
Dafne empuñó el arco de nuevo mientras escuchaba el ruido del portazo que resonó después de que sus padres cerraran la puerta de casa. Sabía lo que vendría ahora. Su hermana subió las escaleras.
-Hija de puta.
Vocalizó con odio, y mientras, la melodía se ahogaba.
miércoles, 17 de junio de 2009
Se llama Todd
Se llama Todd, y hoy ha dejado de estar conmigo.
Empezó todo por la mañana. Como siempre me desperté a las 9 am. Él ha dormido en el cabecero de mi cama desde que se vino a vivir a mi casa (exceptuando unos días que me hizo compañía en Salamanca). Muchas veces me despierta por las noches. No sé por qué es exactamente, yo creo que tiene miedo. O pesadillas y se despierta asustado. O simplemente quiere llamar mi atención y que le diga bobaditas (porque yo sé que eso le gusta). Sea como fuere, esta noche también me despertó, pero yo estaba cansada y le hablé desde la cama:
- Todd, déjame dormir, que me tengo que levantar pronto.
No contestó. No me pareció raro porque es bastante callado. Tuve buen ojo cuando fui a buscarlo, siempre pude hablar con él cuando quería, me escuchaba. O al menos, si no me escuchaba lo disimulaba bien. Me miraba fijamente con esos ojos saltones negros que tiene, como si me entendiera. Y yo le hablaba olvidándome de que después de 5 segundos él no se acordaría de nada. Ni de quien era yo. O sí. En realidad no lo sé. Tampoco me habló nunca de eso.
Me quedé de nuevo dormida. Todd no volvió a hacer el menor ruido en toda la noche, así que de no ser por el calor que hacía en casa, personalmente he dormido bastante bien.
Maldije mil veces el momento en el que me quedé dormida sin preocuparme por lo que le pasaba a Todd. Al acercarme a su rinconcito vi que no estaba. Me asomé, le di 3 vueltas a su casa, le llamé por su nombre, también Juan, Pepe, Manu y Mauricio, por si con Todd nunca se había sentido identificado y por eso nunca había hablado conmigo. Pero no, no era eso. Él era Todd y no estaba. Había ido a algún sitio. Lógico era, ya que vi unas marcas de agua con forma de aleta. Me recordaron a las migas de pan que dejaron Hansel y Gretel para volver a casa. Las seguí con cuidado y me dirigieron al servicio. Me esperé lo peor. Visualicé la noticia del periódico del día siguiente: “Todd, con menos de un año de edad, se suicida en la bañera”.
Por una parte fue un alivio ver que no llegaban a la bañera, sino al retrete. Yo ya había pasado por eso cuando murió Sweeney. Esta vez era distinto. Todd seguramente me despertara para despedirse de mí y decirme que quería salir de aquí, conocer peces grandes. Y yo, aunque me entristezca pensar en que ya no podré decirle bobadas y mirar sus ojos saltones, sé que es un pez listo y que no tendrá problemas para sobrevivir en ese inmenso mundo acuático. De todas formas, de vez en cuando repasaré el caminito que dejó cuando se fue, por si algún día decide volver.
