sábado, 28 de agosto de 2010

viernes, 27 de agosto de 2010

Ataraxia

"Habré de levantar la vasta vida
que aún ahora es tu espejo:
cada mañana habré de reconstruirla.
Desde que te alejaste,
cuántos lugares se han tornado vanos
y sin sentido, iguales
a luces en el día.
Tardes que fueron nicho de tu imagen,
músicas en que siempre me aguardabas,
palabras de aquel tiempo,
yo tendré que quebrarlas con mis manos.
¿En qué hondonada esconderé mi alma
para que no vea tu ausencia
que como un sol terrible, sin ocaso,
brilla definitiva y despiadada?
Tu ausencia me rodea
como la cuerda a la garganta,
el mar al que se hunde."

Edgar miró detenidamente los últimos versos de Borges con la intención de encontrar alguna palabra escondida que le revelara un secreto, o como mínimo una pista para entender y sentir, organizar las letras de tal forma que tomaran cierto sentido. Leyó el poema de nuevo. Otras tres veces. Puso el libro en horizontal y volvió a probar. Luego al revés, cuatro veces más. Lo colocó en su posición original y cambió de orden las palabras. Incluso sustituyó unas por otras.
Después de varias intentonas renunció a encontrarle el sentido que buscaba. Qué más daba; desde hacía tiempo no sentía en exceso ni dolor, ni amor, ni placer, ni siquiera rabia. Cualquier propósito de parecer humano sería una pérdida de tiempo para Edgar. Y aunque lo sabía, lo intentaba. Pero tampoco el hecho de no sentir nada despertaba algún tipo de sentimiento en él. Lo había conseguido. Esa estabilidad mental que tanto había anhelado. Esa frialdad y ese desapego por el amor. Indiferencia. Ataraxia..

martes, 24 de agosto de 2010

Carta a un desconocido

Ayer, mientras tomaba mi té habitual de las 19h me acordé por un momento de tí. Fue como un fotograma de la última vez que estuve contigo. Siempre me ocurre lo mismo. Nunca te recuerdo sólidamente, ni en movimiento. Suele ser una imagen fría y oscura. Y del momento de la última despedida. Es como si se velaran los anteriores fotogramas, y lo único que me queda es una imagen que no entiendo, porque el pasado ha desaparecido, o mejor dicho, parece que nunca existió.

Creo que es culpa tuya y no de mi mala memoria fotográfica. Por tu problema de bipolaridad que nunca me dice quién eres. Que me desconcierta y me borra los pocos sentimientos que me acercan a tí. Pensamientos efímeros y carentes de importancia, por lo visto.

Pero de qué sirve acusar. A quién condenar, o recriminar cualquier atisbo de culpa si ni siquiera sé qué quieres, ni qué piensas, ni quién eres. Menos aún quién fuiste, pues repito, lo poco que consigo me lo arrebatas al instante y me borras tu recuerdo. En ocasiones me entretengo pensando que son segundas personas las culpables, las que te llenaron de indecisiones y miedos. De pájaros en la cabeza que revolotean de un lado para otro sin saber hacia dónde está el norte. Y de esa forma te escondes y despistas. Y te entretienes buscando respuestas en cualquier otra parte.

Dicen que si no conoces a tus antepasados, nunca te conocerás a ti mismo; la cuestión, creo yo, está en la distribución del maldito tiempo. Igual de mal está concederle el tiempo del mundo a julio del 36 que desperdiciar tu vida buscando dentro de tí lo que puede que esté fuera, tanteando a ciegas. No sé a qué esperas, está claro que tú no tanteas, pero te vas a quedar ciego de acercarte tanto al libro y al final no te quedará otra que tantear. Y entonces ya te habrás perdido demasiado.

Por último, quería aclararte algo. Mis sentimientos hacia tí no son especiales, por decirlo de alguna manera. No me enamoro a la primera de cambio, ni Pepito Grillo me habla de tí en sueños. Es más, puede que ya tenga de quién hablarme al oído, o puede que le haya ordenado que no se le ocurra hablarme de nadie. Así que no te asustes, yo no tengo pensado quitarte tiempo a no ser que quieras compartirlo un poco conmigo. Es cada uno el que decide cómo quiere distribuir el suyo, y yo tengo claro en qué quiero invertir el mío.

miércoles, 28 de julio de 2010

Fuerza centrífuga

Cuando uno se siente solo, es muy difícil encontrar tiempo a solas. Es curioso, pero no sé si es algo que depende de mí o más bien del mundo que da tantas vueltas que se pasa de rosca. Nos pasamos la vida inmersos en una contradicción generalizada. Cuando estamos rodeados de gente queremos independizarnos, y si estamos solos nos empeñamos en buscar un ser idealizado que, claro está, no existe. Nos evadimos con personas que nos recuerdan a ese ser "perfecto". Lo peor de todo es que si por una remota casualidad los planetas se alinearan y alguien encontrara a la persona que se supone perfecta, ya se encargaría el mundo de dar vueltas mucho más rápido para que la fuerza centrífuga lo mandara a tomar por el culo. Y no sólo eso, sino que además, la persona que ha salido volando no sale despedida del planeta; se queda estancada en algún lugar desconocido, lleno de seres vivos (si así se les puede llamar) también desconocidos , y debido a la estupidez humana, se pone a correr en el mismo sentido que gira la Tierra. Vamos, que de ahí uno no se mueve y sólo le queda esperar a que otro pobre desgraciado se lo encuentre y le centrifugue de nuevo. Una pena.


sábado, 3 de julio de 2010

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Es difícil pensar cuando se tiene demasiadas cosas en la cabeza. A veces me pasa, que tengo tantas y tanta necesidad de ordenarlas que me desespero y desisto. Y es cuando más ganas tengo de soltarlas y dejarlas por escrito, y menos ganas de explicarlas. Entonces llego a pensar que por qué esa necesidad de buscarle sentido a todo. No todo tiene sentido, pero supongo que buscarlo puede mantener tu mente ocupada mientras pierdes.

Pierdes tiempo, y oportunidades. Por cada sentimiento que intentas explicar se te escapan otros cinco, o seis. La cuestión es que se te va de las manos, y cuando te preguntas dónde estás, y quién eres no tienes respuestas, y sólo te queda encogerte de hombros, echar un último vistazo atrás y quedarte con las ganas.

lunes, 14 de junio de 2010

Spies

Cada segundo que pasa en la vida de una persona es diferente. Mucho más diferente entonces, cada segundo que comparten dos personas. Son tan distintos los momentos especiales que no tienen nada que ver uno con otro. Tan distintos que no se pueden comparar. Que no hay nada que comparar. Por eso los recordamos con tanta precisión. Por ejemplo, la primera vez que hice el amor nunca se me olvidará. Tampoco olvidaré la primera vez que me caí de una bicicleta, o el día que besé a alguien por primera vez. He de decir que las 3 cosas fueron un desastre total, así que seguramente muchas de las cosas que recordamos con esa exactitud sea por el cambio que la situación aporta a esa persona, y no por la sensación que puede producir.

Por otro lado, hay otros elementos que despiertan cosas en el cuerpo de una persona y consiguen marcarle de por vida. Resultan ser los detalles que parece que carecen de importancia los que más repercuten en una persona. Una mirada, un simple roce, o una sonrisa pueden permanecer en el interior de alguien para siempre. Caminar por donde solías pasear con alguien importante para ti te trae a la memoria inconscientemente trocitos de aquella persona. El perfume, el cerebro lo guarda increíblemente bien. Por eso los olores enseguida nos traen recuerdos de todo tipo. También una canción, una palabra, un bar, cualquier cosa. Lo mejor de todo es que una vez alguien se ha hecho dueño de tu recuerdo, siempre le pertenecerá. Aunque haya mil miradas, roces, y sonrisas. Otra persona camine contigo por aquella calle. Usen el mismo perfume que él. Escuches con otra persona la canción, te susurren al oído esa palabra, o el bar cambie de dueño. Ese recuerdo será suyo y nadie se lo podrá quitar, porque cada recuerdo es especial. Porque no habrá nada que comparar.

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