He dado otra vez con Nick Vujicic de casualidad. Pero esta vez actuando en un corto que me ha puesto los pelos de punta. Aquí lo dejo:
sábado, 6 de febrero de 2010
domingo, 31 de enero de 2010
Demasiado
Demasiado es peor que eso. Es despertarte por las mañanas sin ganas de quedarte otro rato más. O tocar el hielo y notar que quema. Es llegar a la cima del monte más alto sin ganas de lanzar un grito de victoria. Sin aliento para lanzar un grito de victoria. Es tocar música sin sentirla, llorar sin que duela. Correr detrás y no alcanzarlo. Hablar sin escuchar. Saber y no aceptar. Es verte un lunes y dejar de hacerlo el martes. O estar un poco loco y ocultarlo. Demasiado es peor que vivir sin tener ni una pizca de miedo.
miércoles, 27 de enero de 2010
miércoles, 20 de enero de 2010
El gato que usaba el transporte público
Muere atropellado el primer gato que usaba transporte público por un motorista que se dio a la fuga.
Pobre minino, con lo majo que era..
Pobre minino, con lo majo que era..
domingo, 3 de enero de 2010
Ayer casi mato a un viejo
Bueno, el caso es que me ha entrado una vena rollo altruísta y quiero salvar al mundo. Me sentía capaz hasta ayer, cuando un viejo cabroncete me quitó la ilusión porque casi se desploma al suelo al intentar ayudarle a entrar en el portal. El caso es que iba yo a entrar y vi a este hombre con muletas y como enganchado en la puerta. Que ni para atrás ni para adelante iba, vamos. Así que yo con toda mi buena intención le abordé por detrás, agarré la puerta y le pregunté con mi tono más dulce..:
-"¿Necesita ayuda?".
No sé por qué, pero el hombre se quedó tieso, y luego perdió el equilibrio. Empezó a despotricar porque debía estar apoyado en la puerta. Me dijo cosas feas y a mi me entraron ganas de pegarle una patada en el culo para que entrara dentro del portal y perderle de vista, quitarle las muletas y meterselas por algún sitio. Pero no lo hice porque soy una tía maja, así que le pedí disculpas y el hombre entró y pasó de mi olímpicamente.
No todo el mundo necesita ayuda, está claro.
-"¿Necesita ayuda?".
No sé por qué, pero el hombre se quedó tieso, y luego perdió el equilibrio. Empezó a despotricar porque debía estar apoyado en la puerta. Me dijo cosas feas y a mi me entraron ganas de pegarle una patada en el culo para que entrara dentro del portal y perderle de vista, quitarle las muletas y meterselas por algún sitio. Pero no lo hice porque soy una tía maja, así que le pedí disculpas y el hombre entró y pasó de mi olímpicamente.
No todo el mundo necesita ayuda, está claro.
lunes, 21 de diciembre de 2009
Óleo
Ya había llegado el invierno a París. La gente corría de un lugar a otro, envuelta en animales unos, otros en un poco de lana. El aire se veía salir de las bocas como si todos estuviesen sufriendo una combustión espontánea interminable. llegué a la Quai Voltaire y coloqué mi caballete en el paseo. A lo lejos divisé a François que, como todos los domingos salía a pasear y ya de paso tomar apunte sobre lo que le transmitía mi nuevo lienzo. Jacob, al verlo aparecer en el horizonte, corrió hacia el anciano moviendo la cola alegremente. He de decir que le puse yo el nombre. A Jacob no, traía collar cuando me encontró. Me refiero a François. La primera vez que vi al anciano le sorprendí, o más bien me sorprendió el a mi, revolviendo en la bolsa de mis pinturas de óleo. Decía que buscaba una especie de insecto volador. Que le había parecido caerse dentro. Un bicho que solía ascender poco a poco. Como si le costara agarrarse al viento. O como si no quisiera. Y se veía reflejado en las gotas de agua que formaban las nubes que se le interponían en el camino. Aunque solo en algunas, porque en otras observaba a su alter ego con cara de susto y un escrito en la frente que decía: "soy capaz". Claro, que todo esto se lo contó el bichillo una de las tantas veces que cayó desde las alturas por asustarse de su alter ego asustado.
Al escuchar esto le tomé por un loco y le propuse que me dejara terminar el cuadro. Se apartó mientras decía: el sentido común, es el menos común. Por él y por el lugar, su nombre tenía que ser François. No había duda.
Llegaron ambos a mi altura y le saludé con una sonrisa. Sin decir nada, echó un ojo al oleo y ni corto ni perezoso abrió mi bolsa y miró dentro como de costumbre para buscar al bicho. Revolvió todo cuanto pudo y se levantó ilusionado.
-Nada.
-Nada de nuevo, si lo hubiera visto se lo habría dicho, ya lo sabe.¿Está feliz hoy?Parece contento.
-Es que, ¿sabe qué creo? ¡Que el bicho ha llegado tan arriba que ya no puede bajar y ahora solo sabe subir!
Y entonces miré el cuadro y seguramente entendí todo.
Al escuchar esto le tomé por un loco y le propuse que me dejara terminar el cuadro. Se apartó mientras decía: el sentido común, es el menos común. Por él y por el lugar, su nombre tenía que ser François. No había duda.
Llegaron ambos a mi altura y le saludé con una sonrisa. Sin decir nada, echó un ojo al oleo y ni corto ni perezoso abrió mi bolsa y miró dentro como de costumbre para buscar al bicho. Revolvió todo cuanto pudo y se levantó ilusionado.
-Nada.
-Nada de nuevo, si lo hubiera visto se lo habría dicho, ya lo sabe.¿Está feliz hoy?Parece contento.
-Es que, ¿sabe qué creo? ¡Que el bicho ha llegado tan arriba que ya no puede bajar y ahora solo sabe subir!
Y entonces miré el cuadro y seguramente entendí todo.
lunes, 14 de diciembre de 2009
20
En los dias como hoy me pongo a pensar en cosas feas. Y tristes. Y no me gusta que hoy me quieran y que mañana no. Así que propongo cumplir dias y no años.
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