jueves, 16 de abril de 2009

Saco de huesos

Era una de esas veces que me apetece sentirme agotada. Me tumbé en el suelo y comencé a hacer abdominales. El sujetador se me clavaba en las vértebras. Noté como cada músculo de la tripa se contraía y me gritaba que parase. Pero yo, una vez más, desobedecí. Iba subiendo poco a poco el ritmo hasta que dejé de escucharlos. Ya no sentía nada. No respiraba. Sin avisar, decidí parar en seco. Me quedé mirando una de esas arañas que alguien se había dejado pegada en el techo. Giré la cabeza despacio hasta llegar a la cámara de fotos, que me observaba desde su trípode. Al lado la guitarra conectada al amplificador. Algo empezó a moverse ahí arriba. Volví en busca de la araña, la cual había cobrado vida. Cayó al suelo el celofán que la ataba y fue junto su compañera que la esperaba en la otra esquina, inmóvil, pero por poco tiempo, ya que tampoco tardó en desatarse. Sin saber muy bien de dónde salían, poco a poco empezaron a llegar más arañas a lo que parecía ser el punto de encuentro. Antes de que me diera cuenta el techo estaba plagado de ellas. La puerta se cerró de golpe, pero yo seguía tumbada en el suelo sin intenciones de moverme de allí mientras el sudor, ahora frío, me recorría el cuerpo. Volteé la cara de nuevo hacia la cámara. Estaba encendida. Podía escuchar el sistema de enfoque, no perdía detalle. Mientras, la guitarra por su cuenta lanzaba alguna que otra nota sin sentido. Sin darme cuenta, mi habitación se había convertido en algo surrealista que por alguna razón podía llegar a entender. Cuando noté que las arañas me miraban con ganas de devorarme deduje que aquello no iba a terminar bien. Ahora quería levantarme y salir de allí como fuera, pero mi cuerpo estaba inmóvil. Como si todos los celofanes que habían caído al suelo se hubieran puesto de acuerdo y me hubiesen atado a mí. Me abandoné. Las arañas empezaron a caer del techo. Mientras la cámara capturaba cada momento, la guitarra tocaba sonidos ensordecedores que no me dejaban asimilar lo que estaba pensando. ¿De eso se trataba todo? ¿De olvidarme de la realidad? Dejé de pensarlo cuando noté un mordisco en mi hombro izquierdo. No pudo ser más real. Despacio, se unieron el resto. Sentí como cientos de alfileres me atravesaban el cuerpo y se llevaban pedacitos de mi. No sé exactamente cuanto tiempo pasó, pero cuando todo terminó quise más. Quería desmenuzar el dolor, saber exactamente lo que había sentido, pero ya era tarde. La habitación volvió a ser lo que era. Las arañas se pusieron cada una en su sitio. La camara dejó de mirarme, y la guitarra se dejó de tocar. La única que había cambiado era yo. Sin una gota de sudor, sin agotamiento, sin sentimientos. Un saco de huesos con un par de trapos encima.

lunes, 13 de abril de 2009

Frankenstein

Cuando tenia 9 años, me enamoré del de la foto


sábado, 11 de abril de 2009

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-Extiende tu mano y déjame ver...mm..
-¿Qué es lo que pasa?
-..espabila

miércoles, 8 de abril de 2009

A little more information

Me gustan los bolsos grandes. De esos en los que puedes meter mil cosas y luego sacar otras mil que no recordabas ni haber metido. Como la mochila de Mochilo (Los Fruitis), que tenía de todo. Yo tengo un bolso de esos. A veces es un poco lío porque es inmenso y encuentras todo menos lo que buscas, pero seguro seguro que está allí. Yo normalemente saco mi burbuja y mi sella-morros. No es que los busque, es que los encuentro. Y además se me da bien usarlos.
No me gusta que me miren el bolso. Nunca me ha gustado. Es un poco como si se metieran en mi cabeza. Hay de todo y muy revuelto. Puede que no sea el mejor momento para decir lo que pienso, aunque lo esteis deseando. Puede que os penseis que me conoceis y seguramente lo hagais. Posiblemente mejor que yo misma. Yo lo que sé es que a veces me obceco con algo hasta que me lo creo, y entonces se me enreda en el cerebro de tal forma que no puedo quitármelo de la cabeza. Como cuando meto mi mp3 en el bolso y cuando lo saco, el cable de los cascos, que antes medía casi medio metro, ahora se ha comprimido y mide 5 cm. Intento desenredarlo pero no hay manera. Y le doy vueltas una y otra vez, pero nunca he sido buena con eso deshacer nudos. Se me da mucho mejor hacerlos. Me ofrecen ayuda con el nudo, pero me gusta hacer las cosas por mí misma. Aunque la mayoria de las veces desisto y lo vuelvo a meter en el bolso, como si por arte de magia la próxima vez que lo saque fuera a estar todo en orden y tuviera sus cm descomprimidos.
En realidad si me parara a mirar el nudo seguramente todo sería más fácil. Pero es que la música la tengo en la cabeza. Puedo tararear y evadirme. O sacar la burbuja del bolso y cantar dentro como una auténtica loca.
No hago más que chapurrear palabras. Suelo hacerlo cuando me gustaría poder decir muchas cosas y no me salen. Supongo que es un poco para despistar.
Yo a lo que iba: me gusta mi bolso, y me voy a ir a ordenarlo ahora mismo, pero os aseguro que no durará ni medio segundo colocado.

domingo, 5 de abril de 2009

Poco a poco

Cada vez me alejo más de Zamora