El aire no dejaba de soplar. Se colaba entre las persianas y se clavaba en su cerebro. Al unísono el tic-tac infinito pero fugaz del reloj. Vuelta, pensamiento, escalofrío, sudor.
-Abre los ojos. Baja la persiana. Que se calle el viento.
Tic-tac.
Tic-tac.
-Maldito reloj. Te cortaré las agujas y te sacaré las entrañas.
Yo también tengo muchas cosas que hacer antes de irme contigo.
Si hoy termino todo, mañana nos vemos las caras.